martes, 8 de enero de 2013

La Modernidad no existe.

La autollamada modernidad no existe. La llamada modernidad se encarga de anular los pilares sobre los cuales está supuestamente construida. Es por esto que afirma la inexistencia o término de la postmodernidad.
Observamos una consolidación del Medioevo en la estructura política, económica, cultural y social. Un (¿)retorno(?) del feudalismo disfrazado de libre empresa, capitalismo tardío y prácticas de outsourcing.
Por otra parte, la postmodernidad es, en realidad, una auténtica y verdadera modernidad. Es guiada por los valores de la utopía, del progreso, la revolución, de una esperanza en el futuro. De ahí se derivan los movimientos "globalifóbicos", "Occupy Wall Street", #YoSoy132, etc. Se reprimen este tipo de movimientos con una típica violencia medieval, tanto física como culturalmente a través de la mofa y crítica despectiva hacia el discurso postmoderno.
Movimientos minoritarios que han reflejando un descontento con el statu quo. Mientras que la mayoría, temerosa del constante estado de crisis, prefiere la opción más indolora: la indiferencia de facto aplicada a lo ético y lo político o incluso una ignorancia selectiva.
La supuesta modernidad actual cubre todo de un sinsentido desesperanzador, de una ausencia de fe en el futuro, en la ciencia, en los ideales. De aquí que el discurso apocalíptico sea recurrente así como una marcada incorporación del discurso religioso, mágico y esotérico en el día a día.

La autollamada modernidad no existe, lo que existe es un posmedievalismo. La posmodernidad es la modernidad haciéndose cargo.