Comenzó poco a poco y de manera muy sigilosa, primero uno que otro anuncio, luego programas de televisión y slogans de productos. Se podría pensar que es una especie de conspiración contra nuestro bien querido "Signo de Interrogación que Abre", "Primer Signo de Interrogación" o como algunos le llaman: "¿".
Como resultado consecuente del estado de globalización en que vivimos, el inglés se ha colado subrepticiamente dentro del (in)consciente colectivo. De la misma manera que la cadena productiva, esta aniquilación deviene de los comunicadores, sean de oficio, de marketing o simplemente administrativos, que pueden agradecer a su educación privada la falta de la susodicha omisión. Los licenciados suponen que es muy poco práctico (time is money) o es más cool extranjerizar, afriolentar o antitropicalizar, como le quiera llamar a falta de un buen tesaurio, globalizar o americanizar para el buen entendedor. Posteriormente se distribuye y difunde entre la población que, a falta de una mejor influencia que la televisión y los productos de consumo, toma por real la extinción de la "¿" si acaso llegaron a conocer de su existencia.
Volquémonos ahora a los llamados "cibernautas" que día a día son cómplices de este lento pero efectivo proceso de homicidio que no excluye sujetos gramaticales, todo en aras del timesaving.
No soy ningún defensor del español, todo lo contrario soy un consumado detractor que se congratula de referirse a él como una derivación mal hablada del latín, llena de contradicciones e inconsistencias. Pero este no es asunto que nos ataña aquí, sino la invasión gramatical globalizada, entre otras invasiones globalizadas, y los individuos que sucumben ante ellas.
Finalmente la RAE, institución que registra, más que normar, la evolución del español tendrá que rendirse ante las tendencias sociales que vivimos actualmente.
"¿"
1492-2007.
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