jueves, 14 de marzo de 2013

Dios es el Tiempo.

Uno existe en el Tiempo, gracias al Tiempo.
Nada crea el Tiempo. El Tiempo no se destruye.
El Tiempo afecta a la materia y no al revés.
No se puede percibir por sí solo, únicamente a través de los cambios que su presencia realiza en la materia.
Nada fuera del tiempo no es conocido.
No podemos manipularlo, sólo modificar nuestra percepción del mismo.
Lo primero en existir es el tiempo, la materia sólo se percibe a través de los cambios que provoca el Tiempo.
Está en todas partes, siempre ha estado en nosotros y con nosotros.
Es sublime.
Permite la existencia de todo lo vivo, del arte e incluso su propia conciencia.
Es intangible e imperceptible directamente por nuestros sentidos.


La Luz es lo único conocido por el hombre que existe fuera del Tiempo.
Es inmaterial como el Tiempo, sólo perceptible en su momento final.
Para la propia Luz el Tiempo parece no existir, pero nosotros podemos medir el Tiempo que tarda en llegar desde una estrella remota hasta nosotros.
La Luz así como el Tiempo son ubicuos.

Somos el excedente de materia que no se liquidó con la antimateria.

Pero el Tiempo y la Luz son sólo nuestra percepción. Sin nosotros no existirían.

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