Ficción.
Nos engañamos
Me engañas y te engaño.
Los engañamos a todos y los engañamos a Ellos.
Realizamos nuestra ficción.
Ficción que nos engaña.
Nos engatusa.
Uso proverbial de lo gatuno.
Diégesis que nos fictiviza.
Nos legitima como construcciones.
Nos revela como personajes.
Soy el personaje que buscaste.
Eres la heroína (léase narcótico y héroe) que busqué.
Nos reconfortamos en la seguridad de nuestras páginas metafísicas.
De nuestras secuencias fílmicas improductas, inéditas.
Lo más que podemos sufrir es el corte en los dedos, producido por el papel al pasar la hoja.
Somos una vieja historia.
De entre todas las historias, quizás la menos original.
Reconocemos nuestras referencias intertextuales, intervitales.
Sabemos el final con anticipación, pero, al igual que cualquier historia épica, nos regocijamos en releerla, reobservarla, revivirla. Ya lo dijo Eco.
No es sólo compañía.
Suficiente compañía es la soledad y el aburrimiento.
Hasta el mismo viento.
Ficcionalicemos, pues, lo ficcionado.
Perdamos el tiempo soñando.
Recuperemos el tiempo perdido soñando.
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