La cosa en sí.
¿Cómo expresarte mi amor? No hay forma. La parálisis de la comunicación. Mi boca besa tus labios. Pero no eres tú, es tu cuerpo. Tu aroma, que permanece con tu celestial presencia, se diluye frente a los inmundos olores del plano terrenal.
Mi manos acarician tus mejillas. Estallan con deseo. Pero son sólo poros. Se ajustan, agregan, se sujetan a tu piel como moluscos atrapados en una red. Pero es polvo-devenir.
Mi mente se sincroniza con la tuya. Corre para alcanzarte. Para estar contigo, desearte en el camino. Pero no eres tú, son sólos tus ideas. Tus expresiones. Que hago mías en mi angustia de tenerte, de estar contigo, de disfrutar sólo cinco segundos más. Robarte quince segundos más. Hasta que los segundos se vuelvan eternidad.
Mi alma se entrega a la tuya. Se arrodilla. Se vuelve torpe al intentar unirse. Se pierde. Busca lo tangible y acaba dando tumbos por China. ¿Qué es lo que hace ahí?
Quizás los números basten. Sirven para describir el mundo. Un día te conocí. Un día de ti me enamoré. Un día te besé. Un día estaremos juntos. Sin embargo la suma de todo eso nos da infinito. Cero o error. Calculadora metafísica.
Pudiera ser que lo espiritual sirva. ¿Qué más evidencia y demostración ante el caso de su existencia? Dios me articula su amor a través de tu persona. Lo materializa, lo positiviza. Yuxtapone el fondo y la forma, tu alma y tu cuerpo. Se convierte en el curador de nuestra vida. Construye significados frente al buen entendedor.
Tal vez las estadísticas sirvan. De cada diez personas, muchas sonríen al vernos. Evidencia de que algo en esta Tierra es armónico. Todo vuelve a tener sentido.
A lo mejor los poemas funcionen. Tocan, con su retórica y sus metáforas, la superficie del sentimiento que me nubla hasta invadirme. Se aproximan a decimales de aquello a lo que Kant llamaba "la cosa en sí": mi inexpresable amor y devoción por ti.
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